lunes, 17 de marzo de 2014

Una respuesta de Kierkegaard a la pregunta: ¿cómo valorar la vida?





 
por José Carlos Ramírez Molina

La existencia pertenece al hombre libre, libre de elegir, de preferir, de valorar diferentes alternativas, aceptando unas y rechazando otras, comprometiéndose en el acto libre consigo mismo. Porque al elegir y valorar lo externo, realiza al mismo tiempo una valoración interna. Así es como llega a ser más individuo y menos forma parte de la masa; porque el unirse a ésta masa, a este estado o pensamiento universal, anula la posibilidad de la responsabilidad personal, la existencia autentica y la libertad.
Es evidente que todo ser humano se distingue de los demás individuos, sólo hace falta echar una mirada. En la falaz masa de los estadios de futbol por ejemplo, la valoración se vuelve común a la totalidad porque se siente, piensa y actúan todos con un mismo fin. Esta masa enloquecida puede realizar actos que de manera individual y fragmentaria, no se concebirían. Lo que hay que buscar entonces es la individualidad, la separación de esa masa inautentica, para afirmar mis propios principios de valoración y conducta; aunque signifique ir en contra de la corriente social. Esto es la individualidad de la valoración valorante en Kierkegaard.
Tras escuchar a Schilling en Berlín, el filósofo Danés adquiere simpatía por la filosofía positiva, que versa sobre el qué de las cosas, su existencia y su valor en la experiencia concreta. No obstante, no podía pasar por alto la magnitud de la obra de Hegel, que era, mas bien una filosofía negativa, moviéndose solamente en el ámbito de las ideas abstractas y deduciendo conceptos y esencias, mientras se le escapaba la existencia individual. Al no empatizar con Hegel, y en general con un rigor sistemático, no me sorprende que se dude en considerarle un filósofo en el sentido estricto, mas bien podemos entonces considerar a Soren como un pensador subversivo y revoltoso, como en su tiempo lo fueron Aristipo de Sirene, Diógenes de Sinope y Epicuro de Samos.

La filosofía de Kierkegaard es personal, vivida, autobiográfica, y podemos decir que es un ejemplo de lo que Nietzsche dice al afirmar que los pensadores no han hecho otra cosa que plasmar sus experiencias propias, y darles un sentido universal, dando así a la experiencia individual y al cuerpo una gran razón.
La dialéctica Hegeliana es autoconciencia, conciencia universal y pensamiento absoluto. La dialéctica del pensador Danés es diferente: busca principalmente la individualidad en la existencia. Propone el transito de una etapa a otra por medio de un acto de la voluntad, de la valoración, de un salto individual a la plenitud. Por esto, la existencia es buscada y optativa. Hay que elegir entre las posibilidades o alternativas superiores, en las cuales el hombre valora, prefiere voluntariamente su forma de ser y existir.
La primera esfera de la valoración de la existencia es el estadio estético y se caracteriza principalmente por una sensibilidad dispersa en lo exterior, en esta fase predomina la valoración desde las emociones, los sentimientos y las pulsiones de vida. El representante es el hombre romántico, que disfruta la música, el drama, lo sublime, la belleza de una obra de arte, se encuentra regido por el principio del placer. El poeta inspirado por una musa puede llevar hasta el límite la imaginación y la pasión. En esta vida valorativa no hay principios morales universales, ni tampoco una determinada fe religiosa, y si, el deseo desmesurado de gozar en toda experiencia emotiva, sensible, corporal, sensual, afirmando por completo la vida y aceptando las posibilidades que pueden ser causa de placer. Porque para el hombre esteta, es lo mismo guardar la ascesis que agotar las posibilidades que brinda la vida y el deleite, por ello podemos decir que el esteta se sitúa más allá del bien y del mal.
Este hombre rechaza todo cuanto limite su afán de disfrutar del néctar de una flor que se encuentre se su caminar. Su existencia es libertad, pasión y pura vida, es pura informalidad, hay un cierto modo de vida indefinida, dispersa, dionisiaca.

Un ejemplo fascinante de esta esfera valorativa lo da Moliére en su tragicomedia Don Juan, basada en la obra del español Tirso de Molina: el buscador de Sevilla. En la obra se presenta un personaje seductor, infiel, bravo, libertino y cínico; Don Juan, caballero que colecciona sus conquistas amorosas, al que principalmente atraen jóvenes de la nobleza como también de la servidumbre, sucumbe ante la belleza de una mujer. Pero lo único que le interesa es conquistarlas para luego abandonarlas tan pronto como degusta de sus encantos. Hay incluso ocasiones en las que enfrenta a rivales demostrando su temeridad por los favores de las jóvenes. Tiene además el impulso de cuestionar a la homosexualidad y a la religión con sus normas morales. Otro ejemplo, por demás ilustrativo lo encontramos en la canción popular Gavino Barrera, hombre que obedeciendo a sus impulsos vitales, seduce a las mujeres bellas que encuentra en cada pueblo al que visita.
En Diario de un seductor el placer no se da por la seducción de la mujer, sino en el cómo llegar al fin buscado. El filosofo de O lo uno o lo otro, afirma que el hombre esteta prefiere seguir encerrado en su sótano, dominado por la pasión sin freno, pero si el hedonista logra tener conciencia de sí como ser disperso y siempre lanzado a una búsqueda insatisfecha, existe la posibilidad de que el hombre en ésta valoración esté cerca de la desesperación, pero que logre superarla. Porque puede darse cuenta de que la pasión lo acompañará durante toda su vida valorativa, como una enfermedad crónica degenerativa. Es decir, no podrá curarse, sólo logrará sublimarla en el segundo estadio. Porque así, su vida será como un mar muerto, donde no hay aves volando, pues a la mitad del camino se rinden y mueren.
Encerrado en un círculo interminable, desesperado, el sujeto tiene la alternativa de permanecer en la valoración estética o dar un salto a un nivel superior por voluntad y compromiso. Hay que elegir, o lo uno o lo otro. Esto quiere decir que al pasar de un estadio a otro sufriremos un mal rato, una angustia, pero no vamos a intentar suicidarnos, como lo hizo el sr Soren.
La siguiente postura de la valoración de la vida es la esfera ética. Aquí el hombre acepta para sí principio morales, acepta la razón razonante universal como base y forma que rige su vida, un principio de realidad, que sublima todas las pulsiones vitales, hace el bien y evita el mal. Su representante por antonomasia es nada menos que Sócrates, el héroe trágico que renuncia a si mismo para poder expresar lo universal, renuncia a la satisfacción pura de los impulsos, y afirma la ley universal de la razón apolínea. El carácter se impone a la debilidad de la sensibilidad, superándola a voluntad con ideas claras y recién paridas. Aquí el individuo siente un fuerte impulso por conocerse a sí mismo, a la autoreflexión para buscar respuestas en su interior.
La valoración estética es una evolución, es dejar de ser jóvenes para convertirnos en adultos. No como Nerón que siempre fue un niño, sumido en su ser, ira y angustia. El hombre valora desde si mismo el compromiso social, le agrada ser maestro, dice si al matrimonio, al amor único, la familia, la amistad, el trabajo, y a Dios, posee un proyecto de vida, estabilidad y continuidad.
La “crisis” de la valoración ética, viene cuando el hombre teme hacerse culpable y mira ésta culpa como posibilidad, percatándose de que puede ser incapaz de cumplir la moral con constancia y adquirir ciertas virtudes. Además, colocado frente al fenómeno de la muerte, la idea de la nada, del vacio, hace su aparición la angustia que pone al hombre frente a Dios. No hubo respuesta en lo ético y por tanto el individuo tiene que valorar su vida y volver a hacer un acto de elección, esto es, dar un salto de fe, a la valoración irracional religiosa, la cual es la cumbre de la existencia.
En el estadio de valoración religiosa hay esperanza en lugar de desesperación, confianza plena en Dios y no angustia, una alegría indescriptible. Niega a la valoración hedonista, la vitalidad del cuerpo, el placer, lo emocional, al Eros, a Dionisos y a la del compromiso con la razón, con la realidad, con Apolo; A lo estético y a lo ético. En cambio se afirma de manera rotunda la pulsión de muerte y se enaltece al yo como espíritu, realizando un movimiento casi místico hacia Dios.
Ser uno con Dios, como individuo absoluto, porque la máxima expresión del hombre individual es para Kierkegaard la relación directa con Dios. Se le ama y no se le quiere ofender, se le rinde obediencia absoluta para cualquier mandato, incluso si te pide matar a tu propio hijo, como es el caso de Abraham; o renunciar a la mujer que amas, como es él mismo el caso al abandonar a Regine Olsen.
¿Podemos ver una valoración mística en este espíritu religioso? Si, porque hay un renuncia total a lo externo, a lo sensible, incluso el aspecto del compromiso social, y además a buscar dentro de uno mismo respuestas a las valoraciones personales, y porque la fe es el punto central. El Maestro Eckart habla de Dios, naturalmente, pero lo percibe como un límite en cierto modo, un límite que debe rebasarse, un ir mas allá de Dios, hasta la deidad misma que se derrama en Dios; tal vez pueda ser esta experiencia inefable la invitación que nos hace el teólogo Soren.
La valoración en Kierkegaard es indiscutiblemente una valoración personal, subjetiva, positiva del sujeto que elige y se compromete con su valoración valorizarte. Esto puede ser deficiente porque da la impresión de excesiva subjetividad y nada de objetividad a la valoración. Pero el carácter intensamente personal es lo que fortalece, porque cada individuo en su existir lo fundamenta.
La vida siendo como es, paradójica y en constante contraste y cambio, en donde el hombre tiene que elegir, valorar, preferir, optar a cada paso, no se puede, sin embargo, regresar, porque el camino recorrido en el tiempo es imposible volverlo a recorrer. Por eso la vida puede ser comprendida viendo hacia el pasado, pero solo ha de ser vivida viendo en el presente, hacia el futuro. ¡somos libres hay que elegir lo mejor!


Bibliografía:
Risiesi Frondizi. ¿Qué son los valores?. Edit. Fondo de cultura económica.
García Morente. Lecciones preliminares de Filosofía. Edit. Porrúa “sepan cuantos”
Copleston. Historia de la filosofía, Volumen 3. Edit. Ariel filosofía.
Kierkegaard Soren. O lo uno o lo otro. Edit. TusQuest.
Kierkegaard Soren. El concepto de Angustia. Edit. TusQuest.


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